«Cuánto cuesta una web» es como preguntar cuánto cuesta un coche. La respuesta honesta es: dime qué necesitas y te doy el precio. Pero no es una evasiva: detrás de esa horquilla hay una lógica clara, y conviene conocerla antes de pedir presupuestos.
Los cuatro factores que mueven el presupuesto
- Número de pantallas únicas. No de páginas, sino de maquetas distintas entre sí: un catálogo de 200 productos es una pantalla, no doscientas.
- Lógica. Un formulario que envía un correo y un carrito con pagos, cupones y área de cliente se diferencian en decenas de horas.
- Contenido. Si no hay textos ni fotos, alguien tiene que crearlos. Es un trabajo aparte y suele comerse más tiempo que la maquetación.
- Integraciones. CRM, inventario, reservas, pasarela de pago: cada punto de contacto con un sistema ajeno añade desarrollo y pruebas.
Por qué la oferta barata rara vez sale barata
Un precio bajo casi siempre significa que parte del trabajo se ha dejado fuera, y volverá a ti en forma de factura más adelante. Lo que suele quedar fuera: adaptación a móvil, velocidad de carga, textos, SEO básico, formación para editar y soporte tras el lanzamiento. Pregunta qué incluye el importe y, sobre todo, pide que te digan qué no incluye. A quien trabaja honestamente le cuesta lo mismo darte la segunda lista que la primera.
Un precio sin plazo no es un precio. Pide que se fijen los dos antes de empezar.
Base lista frente a desarrollo a medida
Si tu encargo es claro y de una categoría conocida —cafetería, salón, estudio, tienda pequeña—, una estructura lista lo resuelve en días y por mucho menos. El desarrollo a medida se justifica cuando hay lógica propia: catálogo no estándar, cálculos, áreas de cliente, integraciones. Equivocarse sale caro en ambos sentidos: montar un producto único sobre una plantilla duele tanto como dibujar desde cero una página de servicios corriente.
Las horquillas actualizadas de ambos formatos —con plazos— están en la tabla de la página principal: mantengo esa tabla, no reescribo artículos. El importe exacto lo doy tras un brief corto y no lo cambio después, salvo que cambie el encargo.